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DISCO DE ACRECIÓN

DISCO DE ACRECIÓN

Los agujeros negros, por sus inherentes características, son inobservables directamente. Sin embargo sí podemos deducir su presencia por los efectos que ocasionan en su entorno. Uno de estos efectos es el disco de acreción.

El disco de acreción está formado por la materia que envuelve un agujero negro atraída por su enorme gravedad. Esta materia no cae directamente en el agujero negro, sino que, debido a la conservación del momento angular, al ir aproximándose al mismo aumenta su velocidad de giro, de la misma forma que en un desagüe al agua no es tragada directamente sino gira entorno a él.  Esta materia giratoria se va extendiendo y «aplanando» hasta llegar a formar un disco.

Tenemos pues un enorme disco de materia que da vueltas en torno a un agujero negro;  pero no todas las partes de este disco giran con la misma velocidad angular. Según la tercera ley de Kepler, la velocidad angular será mayor cuanto más próximo se esté del centro de giro. Así una determinada zona del disco se moverá más deprisa que su vecina más externa y más despacio que su vecina más interna. La consecuencia de esto es que se ocasiona un rozamiento interno con gran producción de calor entre las diversas partes constituyentes del disco, y por tanto la emisión de radiación que sí es observable. El rozamiento y la consiguiente producción de calor es más intensa en las partes más internas, por lo que la radiación emitida desde esta zona es más energética que las del resto del disco.

Gracias a esta emisión de radiación podemos observar indirectamente el agujero negro infiriendo su existencia, y además se puede calcular su tamaño, masa, distancia a la que se encuentra, etc.