No necesito esa hipótesis

No necesito esa hipótesis

La primera especulación sobre lo que hoy llamamos agujeros negros la formuló el matemático y astrónomo francés Pierre Laplace (1749-1827), quién argumentó que podrían existir estrellas tan masivas que la luz no pudiera escapar de sus campos gravitatorios.

Laplace una de las mentes más preclaras del siglo XVIII se interesó e hizo grandes aportaciones en muchos problemas fundamentales de las ciencias físicas, dirigió y colaboró en la definición e implementación del sistema métrico decimal [Ver: «¿QUÉ ES UN METRO?]. Pero probablemente se le conoce más por sus trabajos de mecánica celeste, en particular su «hipótesis nebular» de la formación del Sistema Solar a partir de una primigenia y gigantesca nube de gas. Cuando se la presentó a Napoleón Bonaparte, éste le comentó que observaba que en tan extenso tratado sobre el sistema del mundo no mencionaba a Dios en ninguna ocasión. La respuesta de Laplace fue: «Sire, no he tenido necesidad de esa hipótesis».

También escribió una memoria en la que, en contra de lo afirmado por Newton, demostraba matemáticamente la estabilidad del Sistema Solar (aunque actualmente se ha cuestionado en cierta medida la exactitud de dicha demostración). El sabio inglés, que era bastante radical en temas religiosos, afirmó que las interacciones del Sol y los diversos planetas entre sí, producían irregularidades en las órbitas que podían acabar «desajustando» el Sistema Solar, por lo que era necesaria la intervención divina para reestablecer la armonía. En esto Laplace estaba de acuerdo con el matemático alemán Leibniz, quien replicaba a Newton que el Creador no podía ser tan torpe como para haber creado una máquina del mundo que tuviera que ser retocada y corregida cada cierto tiempo, como un reloj defectuoso.

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