La luz puede curvarse

La luz puede curvarse

Que la luz, a diferencia del sonido, siempre va en linea recta es algo evidente y sabido desde siempre, como se puede comprobar fácilmente por ejemplo en una tormenta: si cuando se produce un rayo estamos tras un muro, su luz no podrá alcanzarnos, en cambio podremos oír el ruido del trueno sin impedimento.

Sin embargo, según la teoría de la relatividad general de Einstein, las estrellas cuyos rayos de luz pasan cerca del borde del Sol deben desviar ligeramente su posición aparente, porque la luz se curva debido al campo gravitatorio del Sol que deforma el espacio-tiempo. Este efecto se puede observar experimentalmente sólo durante los eclipses, ya que de lo contrario el brillo del Sol oscurece las estrellas afectadas.

El 29 de mayo de 1919 se produjo un eclipse idóneo para poder verificar esta predicción observacionalmente. Se organizaron dos expediciones a Brasil y el golfo de Guinea para fotografiar la posición de la estrellas justo tras el borde del Sol en el momento del eclipse, y poder compararla con la que ocupan normalmente cuando el Sol no está delante. Las mediciones posteriores confirmaron que la luz de dichas estrellas se había curvado los 1’75 segundos de arco predichos por la relatividad general. Este espectacular resultado, muy publicitado por la prensa de la época, junto a la explicación de la precesión de Mercurio [Ver «EL PLANETA DONDE SE ENVEJECE MÁS DESPACIO»], contribuyó a la enorme popularidad que tuvo Einstein.

Para hacernos idea de lo pequeña que es en realidad esta desviación, y la precisión requerida en las mediciones, medir un ángulo de 1’75 segundos es como poder apreciar el grosor de una moneda de 20 céntimos puesta de canto a una distancia de 3 kms

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